Hace ya algunos años llegó a mis manos un breve opúsculo que contenía para mí grandes verdades expresadas de una manera sencilla y a la vez poética. El pequeño texto se llamaba Andalucía. Cuatro culturas y una sola juventud y durante varios años he repartido ejemplares entre mis amigos y conocidos.
Para mí el hecho de ver publicado un documento de similares características suponía un inmenso gozo y alegría, pues, por primera vez, veía plasmado un sentir que yo de siempre había experimentado y manifestado.
Desde siempre he reconocido en mí a cuatro mujeres herederas de cuatro culturas que me pertenecen. Yo soy las cuatro y las cuatro componen la mujer que soy yo.
Soy mujer, soy andaluza cien por cien -al menos hasta donde mi mente o la composición de mi árbol genealógico alcanza- y me declaro de confesión cristiana. Sin embargo –o tal vez sea más correcto decir además- , hay tres mujeres en mí con una identidad reconocida, orgullosa y bien definida, que conviven perfectamente sin necesidad de tener que reclamar su espacio.
Soy mujer andaluza (de confesión cristiana) y también soy gitana, judía y musulmana.
Las mujeres que hay en mí bien pueden llamarse Lydia, Amara, Zemira y Najma. Sus nombres tejen una red de parentescos que me llevan a un largo viaje a través del tiempo. Ellas son yo y yo soy ellas.
¿Cómo podría negar una realidad tan evidente? ¿Cómo podría negar una cultura de la que soy principal depositaria? ¿Cómo podría negar la gran riqueza de mi legado?
Aunque algunos digan que Andalucía como crisol o mosaico de diversas culturas es, al fin y al cabo, solo un mito –y en algunos casos muy rentable-, yo quiero reclamar aquí ese concepto, esa especial idiosincrasia y ese espíritu universalista con el que el paso de los siglos y de la historia nos ha bendecido. Por eso apuesto por la recuperación de la memoria de ese pasado que, sin duda, no fue maravillosamente idílico, pero sí fue un ejemplo de enriquecimiento, diversidad cultural y tolerancia.
Y creo que, al fin y al cabo, después del largo paisaje homogéneo y monocultural al que nos condenaron los Reyes Católicos, no estaría mal empezar a promocionar y recuperar ese pasado andalusí como un modelo para el presente y para el futuro.