avalanche 008
Camiseta a rallas, pantalón negro, perfil de efebo griego con un largo flequillo que esconde la mitad de su rostro y, entre sus manos, una ígnea guitarra. Confusa apariencia de enfant terrible la de Alejandro Lacaze, líder de una joven formación malagueña -con una considerable trayectoria- que se hace llamar L’Avalanche; sin duda, nombre arrollador para cuatro músicos con un indudable porvenir y un futuro más que prometedor.
No entiendo lo que dice porque sus letras eligieron la lengua de Flaubert, excelente vehículo para transmitir la belleza lírica agazapada en ese magma eléctrico que bulle en cada uno de sus acordes.
Alejandro inclina la cabeza, entorna los ojos y, en un estado prĂłximo al trance musical, evoca los colores con los que se viste la infancia y nos habla de mujeres que esperan junto a un puente. Habla, en definitiva, de lo Ăşnico que realmente importa: la vida y el amor. Y lo hace con una genuinidad envidiable, al margen de burdas directrices que imponen las volubles modas y la subordinaciĂłn del caprichoso mercado.
Larga vida a L’Avalanche.